El amor… ¿Qué es eso?

Cavilaciones acerca del amor original

Una palabra manoseada e inentendible por la sociedad que se angustia emocionalmente con el solo hecho de escucharla salir de la boca de algún compañero/a sexual…

Aterra en ocasiones llevando al escapismo, porque claro, podemos tener aventuras o “amigo/as con ventaja” pero que ni se les ocurra sentir un ápice de lo que el amor significa para nuestra sociedad.
Esto porque se fantasea con la idea de matrimoniarse, cosa que si retornamos al origen griego del significado de esta palabra, está muy lejos de ese significado.

La sociedad moderna occidental, asocia amor con matrimonio y eso es lo que genera que muchos/as quieran salir huyendo cuando alguien se atreve a mencionarla.

Para los griegos el amor, lo entendían de una manera distinta a como actualmente lo entendemos, incluso se referían al amor en diferentes términos, uno de los que usaban y desde el cual desarrollare el tema de hoy, era la epithemia y que, su traducción sería algo así como “excitación sexual”, acá cito a Richard Idemon y su libro “Astrología de las relaciones” que en un capitulo desarrolla este tema desde la astrología y psicología.
Este término se relaciona a lo que el hombre tiene en común con los animales: un instinto que lleva a tocarnos, acariciarnos, se vive en el cuerpo como un impulso que es necesario vaciar. Pero los griegos, no la consideraban ni romántico, ni tampoco erótico, era un impulso natural que se disfrutaba sin juzgar.
Epithemia que fue interpretada como un acto de perversión que revela la visión judeocristiana y con eso el confinamiento de Afrodita (diosa griega), como la diosa que personificaba esta lascivia, así como también lo fue la historia que, todos conocemos ocurre en el Jardín del Edén, en el cual se culpa a Eva, de ser quien promueve la rebelión de la sexualidad en destape, y por lo cual las mujeres seriamos quienes generamos el despertar de la epithemia y todo lo que ello conlleva, el pecado e impulsos carnales que “provocan” al hombre, llevándolo por el “mal camino”, hacia su propia caída.
Y en esta sociedad confundida entre el caos, el desconsuelo, las indiferencias, injusticias sociales, nos encontramos algunas venusinas, adictas al toqueteo, a los abrazos y a las caricias, en una incansable búsqueda de amar y ser amada.

Y con que nos encontramos??? Con humanos que escapan de este impulso por este temor profundo de creer que caerán en redes maritales que conllevara al infortunio y desesperación de una estabilidad que, muchas veces no es tan atractiva para algunos de corazón ardiente, o quizás por el prejuicio que arrastra el empoderamiento femenino, será que ellos, el sexo fuerte ¿se siente acobardado frente al poder del sexo débil, con el que nos han tachado por milenios??
Si solo pudiesen acceder a su conciencia una nueva manera de ver y entender el amor. Porque para enamorarse hay que, primero, desenamorarse de la persona especial. Cita de Idemon refiriéndose a Scott Peck, en su libro la Nueva psicología del amor.
Y bueno, lo que ha imperado en nuestra sociedad suspendida desde la perspectiva judeocristiana que nos obliga a sublimar todo impulso sexual, es que las grandes empresas de publicidad nos seducen con una idea de que, para satisfacer todos estos impulsos hay que sublimarlos a través de la compra compulsiva de una infinidad de cosas inservibles, de cosas que, “alguna vez” podría utilizar… y vamos llenado nuestra casa mientras nuestro corazón permanece vacío o, de lograr un cuerpo perfecto enmarcado en los estándares de la belleza que detrás del telón esconde alteraciones graves de la alimentación. Tal cual sublimación de una sociedad consumista que evita el contacto con las emociones, con lo doloroso de nuestras sombras, convencidos de lograr aplacar la sensación de inseguridad, de esta manera nos alejamos cada vez más de lo esencial, de lo que hemos venido a hacer en este “planeta escuela”, a evolucionar para acercarnos a nuestra meta, a nuestra misión.
Dando un salto hacia la búsqueda del amor o al menos entender que es eso, me gustaría invitarlos a dar un paseo entre dos polos que co-existen dentro de las almas humanas: Por un lado está la segura y cómoda estabilidad y por el otro, la tan atractiva libertad. Es que se nos hace difícil a las almas que creemos ser muy libres, decidirnos por cual camino seguir, más si a eso le sumas los desencuentros que te han llevado a optar por la soledad (“sola, pero no fanática”, manifiestan l@s más osad@s). Bueno y al concientizar que ambos polos están en uno, es importante integrarlos, amistarse con cada uno de ellos, abrazarlos y agradecer por el camino andado y los aprendizajes que han traído, a pesar del dolor que eso significó.

¿Qué nos da la estabilidad?

En una relación de pareja eso asegura que el compromiso se mantendrá por un largo tiempo, que tengo asegurado el amor, la honestidad y fidelidad. No obstante, esta condición nos empuja a vivir el efecto soporífero de la rutina, detestable por muchos, pues acaba con toda la pasión puesta en el inicio de una relación.
¿Qué nos da la libertad?

Un amplio espectro de posibilidades de elecciones, desde lo mundano a lo espiritual. Elijo como, cuando, donde y con quien despertar la epithemia, disfrutando un respiro de emancipación y autodeterminación de mi propia sexualidad, de mi propia forma de amar(me). El único y minúsculo detalle es que, en este polo a veces terminas sintiéndote en un despoblado lugar, donde no hayas ni siquiera un delirio que acalle tu sensación de nostalgia, por aquello que tuviste o que soñaste.
Entonces que nos queda por hacer?? Abrazar ambos polos. Conversar con cada uno de ellos de manera separada para luego integrarlos en un solo abrazo.
En un próximo post les compartiré como fue que logré trabajar con estas polaridades, para que, l@s más valientes, también se animen a trabajar con y desde su interior.
Abrasoles!

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