A veces nos dedicamos a perdonar a las personas que nos rodean pero nos olvidamos de alguien muy importante, de la persona más importante de todas: nosotros mismos. Pues si no nos perdonamos a nosotros mismos, entonces ¿cómo vamos a perdonar a otros?.

Estamos en el mes de Elul (Virgo). Es un momento de introspección,  en el que damos un paso atrás y nos miramos a nosotros mismos, crítica y honestamente, con la intención de mejorar y tener una nueva oportunidad para el año próximo.

Para este mes, en mis clases de kabbalah comenzamos a hacer una tarea cada día, como: reflexionar, agradecer, ser compasivos, humildes,  proactivos, pacientes, amorosos, pedir perdón, entre otras que aún quedan por hacer, pues apenas estamos comenzando.

Esta semana me encontraba haciendo estas tareas, y buscaba en mi mente a alguien a quién necesitara perdonar o pedirle perdón. La situación es que, en el transcurso de mis estudios he ido pidiendo perdón a muchas personas, y de repente, cuando el día de hoy me dijeron: pídele perdón a alguien, simplemente, no sabía a quién. Ya le había pedido perdón a tanta gente, que no se me ocurría nadie en ese momento. Pero, después de tanto pensar, me vino alguien muy importante a la mente: Yo.

Me quedé un rato pensando si esta idea serviría para el trabajo que debía hacer hoy, y de pronto empezaron a venir a mi mente miles de razones por las cuales debía perdonarme a mí misma, así que continué, e hice esta lista:

Perdóname por no amarme lo suficiente.

Perdóname por no aceptarme como soy, con mi luz y mi oscuridad también.

Perdóname por no decir la verdad y lo que siento en el momento preciso, por no defenderme.

Perdóname por hacerme vivir situaciones desagradables o incómodas.

Perdóname por rendirme y no luchar.

Perdóname por escapar.

Perdóname por tener miedo y no ser valiente muchas veces.

Perdóname por no tener fe.

Perdóname por entregar mi cuerpo por complacer a otro.

Perdóname por no querer estar sola, o por no querer estar con alguien.

Perdóname por perder oportunidades.

Perdóname por los excesos.

Perdóname por no alimentarme bien, por no cuidar mi cuerpo, por no estar sana.

Perdóname por pensar en exceso y no hacer, o simplemente hacer y no pensar.

Perdóname por ser impaciente y apresurada, o demasiado paciente.

Perdóname por ser reactiva y no proactiva.

Perdóname por ser indisciplinada y no seguir el camino a mis sueños.

Perdóname por no entregarme, o no amar suficiente.

Perdóname por dar demasiado a otros, por ser complaciente o no dar nada.

Simplemente perdóname, yo me amo.

Quiero cerrar esta reflexión de hoy con unos párrafos del libro “Dios usa Lápiz Labial. Kabbalah para Mujeres” de Karen Berg, que dice así:

“Cuando se trata de perdonar, todo lo que experimentas es una prueba. Cuando te encuentras atrapado en una postura de no perdonar, significa que no has aprendido todavía la lección. La esencia del perdón radica en comprender que en realidad no hay nada que perdonar. Nadie te ha lastimado, ni te puede lastimar jamás. Todo es para recordarte que debes dejarlo ir y confiar en Dios. Los demás nunca te hieren realmente, eres tú el que se lastima al desconectarte de la Fuente de la Luz. Todo lo negativo en nuestras vidas está ahí para ayudarnos a recordar este hecho.”

“… Cuando pongas Luz en tus acciones te volverás más efectiva. Pero no te quedes en el pasado, ni guardes rencor. Si te quedas atrapada en algo que te ha sucedido, te volverás rencorosa, infeliz, pesimista y amarga.”

“… El Universo es un espejo que refleja todo lo que pones en él. Si deseas utilizar una experiencia dolorosa, como un divorcio, para ayudarte a crecer, debes ver este suceso como lo que realmente es: una lección, no un castigo. Cuando aprendes esa lección, te liberas del sufrimiento, y entonces la Luz y la alegría fluyen de nuevo en tu vida.”

Enamórate de la vida, deja ir y continúa adelante.