¿Han escuchado eso de, si sanas la raíz que causa el dolor, sanas tu cuerpo?, o ¿Que las enfermedades son expresiones de nuestras emociones manifestadas en el cuerpo?.

Pues si aún no lo crees, pregúntate:

¿Qué sentías en el preciso momento en que te comenzó un resfriado?, o ¿Qué situación estabas viviendo cuando te comenzó ese dolor?, ¿Estabas triste, molesta o molesto, tenías rabia, miedo, te sentías inseguro o insegura?, ¿Tenías que enfrentarte a una situación especial para ti?, ¿Quizás te has guardado algo que no has querido comunicar, un secreto tal vez?, o ¿Simplemente no sabes cómo decir algo porque crees que vas a herir a alguien especial para ti, alguien que amas?.

Les voy a contar una pequeña anécdota mágica. Sí, mágica.

La kabbalah dice que la magia es ciencia que aún no ha sido descubierta. Sin embargo, como a mí me gusta mucho la magia (al estilo Harry Potter), le seguiré diciendo magia en esto que les voy a contar.

Tenía mucho tiempo con un dolor muy fuerte en el sacro. Todas las noches al acostarme a dormir y todas las mañanas al despertarme era peor, mi cuerpo no lograba sanarse. Hice yoga mucho tiempo y ese dolor se iba temporalmente, pero en cuanto dejaba el yoga, volvía, y cada vez peor. Iba al médico y nada, decía que no había nada, sólo inflamación, que necesita fortalecer los músculos de la columna, incluso cuando mi cuerpo estuvo en las mejores condiciones físicas. Era como algo que ocurría sin ninguna razón aparente, como que venía de la nada.

Cuando empecé a estudiar y aprender más sobre mí misma, sobre la Kabbalah, sobre cómo funcionan las reglas y la energía del Universo, descubrí que no era que los dolores o enfermedades provinieran de la nada o aparecieran mágicamente, era que ocurrían por la presencia de alguna emoción en desequilibrio.

Una mañana, finalmente decidí hacerme cargo de la situación que me inquietaba, y por la cual me sentía infeliz, y me senté frente a frente a conversar con mi pareja. Le dije lo que sentía, y que además, venía pasando una y otra y otra vez y nunca solucionábamos nada. Era momento de terminar la relación definitivamente. Los dos habíamos reprobado este examen.

Después de mucho conversar, esa noche me acosté a dormir en medio de la tristeza y las lágrimas, pero como si me hubiese quitado una carga de mis hombros.

La magia ocurrió en la mañana del día siguiente. Recuerdo que era un lunes, y sonó mi despertador, me moví para apagarlo y gire hacia un lado para dormir un ratito más, luego giré hacia el otro lado, me estiré, y de repente me di cuenta que, simplemente, no había dolor, había desaparecido, casi en su totalidad, como si Harry hubiese agarrado la varita mágica y dicho “evanesco”, y ¡puff!, simplemente ya no estaba allí la molestia.

Como verán, todas las emociones que yo sentía se manifestaban en el dolor en la zona más baja de mi columna, pues me reprimía todo, no lo expresaba con claridad y además, lo más importante, no lo resolvía, sólo acumulaba y acumulaba cada vez más, y mi dolencia sólo aumentaba. Al momento que, de forma determinante, decidí terminar con toda la situación, sentarme en el problema y resolverlo de forma definitiva, comprendiendo y aceptando las consecuencias, y entendiendo que era lo mejor para los dos, el dolor simplemente se fue.

Así pues, como les decía, toda dolencia o enfermedad, tiene una raíz emocional. Sólo debemos hacernos las preguntas correctas para descubrirlas, conocernos a nosotros mismos y conocer las reglas del juego de la vida (la Kabbalah). Esto nos ayudará a estar sanos y a que nuestra vida fluya en armonía para encontrar, de esta manera, el camino hacia el logro de nuestro propósito y hacia la plenitud.